
A vos, cliente de la única voz:
¿No te inquieta siquiera saber que existe otra realidad que la que lees, escuchas y miras?
¿No te pesan los ojos tranquilos de creer que lo que conoces es lo indispensable?
¿No te fastidia tu respuesta lenta cuando te indagan algo que tu medio hoy no trató?
¿No sentís esas fronteras molestas que limitan el uso de tu vocabulario que solo repiten los términos que están de moda?
¿No escuchas el ruido que provoca el desacuerdo que existe entre lo que sentís y te cuentan?
¿No sospechas que existe un interés entre aquello que te dicen que es bueno para ti, y quien te lo está diciendo?
¿No te despiertas espontáneamente por las noches, cuestionándote que lo que crees que es cierto, es realmente una realidad tramposa?
¿No te quema la angustia de tu falta de preguntas de ese mundo?
¿No te fatiga solo el hecho de dar tiempo al tiempo y esperar que todo suceda como te lo cuentan, sin salir a ver que está ocurriendo?
¿No sentís hastío propio de preocuparte, sí y solo sí el calor de tu apoyo al sentarte se congela, por haber hecho caso y no salir de tu madriguera?
¿No te molesta la callosidad que se formó o se está creando en ése músculo, que sirve para crear, formar y debatir, porque siempre esperaste el delivery informativo que golpee a tu puerta para que te cuente, te muestre o te diga?
¿No te sacude la idea que tus hijos tomen tu ejemplo y respondan solo a la Matrix de ése medio?
¿NO?
Entonces pido perdón a ese medio, porque hasta ahora pensé que era el único culpable de lo que tú opinas.
Martín Suárez.
